martes, 26 de abril de 2016

¿CUÁNDO Y CÓMO SE EMPEZÓ A COSER?

Pues allá en los tiempos paleolíticos (30.000 AC) ya unían pieles con agujas de hueso, hilos hechos con tendones de animales o finas tiras de hojas para crearse sus vestimentas.

En la Edad Media, la costura se convirtió en una profesión que, legalmente, sólo podían practicar los sastres, organizados en gremios, a los que acudía la gente adinerada de la época.
Las mujeres de clase baja seguían ejerciendo la costura en sus casas, arreglando las prendas desgastadas, que las ponían del revés para aprovecharlas y cuando ya estaban muy rozadas, las reutilizaban para hacer edredones.

La primera máquina de coser fue patentada en 1790, reemplazando el trabajo manual que llevaba mucho más tiempo y encarecía el producto y empezó la fabricación masiva de ropa.

En 1841 Barthlemy Thimonnier introdujo una máquina de coser simple para fabricar uniformes militares para el ejército francés. A los pocos días un grupo de sastres entró violentamente en su tienda y arrojó las máquinas por las ventanas ya que veían amenazado su trabajo.

En 1851, Isaac Singer desarrolló las primeras máquinas de coser realmente efectivas, cosían con rapidez y precisión, pero las usaban las industrias contratando a mujeres a cambio de un sueldo miserable.
Las pocas modistas que realizaban su trabajo desde casa tenían que trabajar prácticamente de sol a sol para poder mantenerse y pagar el alquiler de la máquina de coser, ya que todavía era un lujo que no se podían permitir.

Sin embargo, a los sastres se asoció la ropa de alta gama. Sólo una mujer pudo romper este tópico: el honor corresponde a Rose Bertin, que fue nombrada por María Antonieta como “ministra de la moda”, vistiendo a damas, cortesanas y reinas de las monarquías europeas durante el reinado de Luis XVI.

Afortunadamente el siglo XX trajo consigo el cambio. Las máquinas de coser se hicieron más asequibles para la clase obrera. Las revistas de moda comenzaron a proliferar y muchas de ellas llevaban patrones de costura.


Hoy en día, gracias a que lo hecho a mano se ha revalorizado, la costura comienza a ocupar el lugar que se merece, valorándose la prenda realizada de forma artesanal, en la que cada puntada se efectúa con mimo y dedicación, huyendo de la hegemonía en el vestir promovida por la globalización. Piezas únicas llenas de originalidad y buen hacer inundan las calles. 

¡Dejemos que la moda continúe!


Matifá